Rubalcaba-pide-un-cambio-de-op_54250277676_53699622600_601_341

EL NORMCORE: ¡ESTUPOR Y TEMBLORES!

13/05/2014
1
65
56
0
9

“Baila con pasión
El nuevo temón
De estos hipsters de Decathlón”
Definitivamente Miami: “Gran Temón”

normcore

Tienes camisas de cuadros como para hacerle una nueva carpa al PUTO CIRCO RINGLING, sufres severos ataques de pánico cuando entras en una cafetería y no hay una bici colgando, luces moreno de albañil en ese país imaginario en el que los albañiles sólo llevan morenos los tobillos y, esta mañana, mientras te hacías un corte de pelo de 50 pavos que te convertiría en un cansadamas entre las juventudes hitlerianas, te llega una alarma de Twitter del tío ese que tan mal te cae y al que acabas copiando en todo tres meses más tarde, y cae la bomba: NORMCORE.

¿Qué es la tontería ésta del Normcore? Aparentemente un palo en esa rueda para hámsters en que se ha convertido (¿alguna vez no lo fue?) la industria de la moda, las tendencias y la frivolidad al por mayor. Se supone que, hastiados por la absurda y vertiginosa sucesión de tendencias, de la hiperactividad de las it-girls y blogueras patrocinadas y la insaciable voracidad de las modas, lo que se lleva ahora (hablo de El Imperio, aquí se llevará dentro de 6 ó 7 años) es vestir normal. Anodino. K-Hole (que ustedes y yo por supuesto sabemos quiénes son) ha definido el Normcore con estas palabras: “la decisión de adoptar lo común como una nueva manera de ser cool, en vez de buscar la diferencia o la autenticidad”. Esto es: vestir de la manera más aburrida e impersonal posible. Algún desnortado también alaba la cosa diciendo que esta apuesta por la ropa normal “alumbra a la persona”, sin que haya distracciones de por medio. ¡Y lo dicen como si fuera algo bueno!

Catálogo-Carrefour-rebajas-2012-invierno-2

Yo ha sido leer todo esto y echarme a temblar. Ciertamente, cuando uno piensa en el mundo civilizado y en el lugar de donde viene todo esto, los USA, no le resulta complicado dar con iconos Normcore de toda la vida: prácticamente cualquier diseñador minimalista ochentero, cualquier artista conceptual de vanguardia (preferentemente de origen asiático) o cualquier plutócrata del microchip cumple con despreocupada perfección con los principios estéticos del Normcore. Pero, ¿qué ocurre cuando pensamos en la translación de esta tendencia a España? ¿En qué pérfida plasmación podría convertirse el Normcore bajo el prisma de la modernidad carpetovetónica? Más allá de la primera imagen que a todos nos viene a la cabeza (una explanada postapocalíptica del festival de turno repleta de peña disfrazada de votantes pre-jubilados del PSOE, un Mad Max de funcionarios agazapados entre lonas de propaganda de Heineken) ahondar en las consecuencias estéticas que podría traer la implantación de esta tendencia entre nuestra más rabiosa juventud hace que se me abran las carnes. Porque ¿qué es lo NORMAL aquí, para las gentes? No digo la gente, sino LAS GENTES, como lo dice YULIO.

Al margen del presupuesto más aproximado, que ya anticipaban Definitivamente Miami en su canción, y que nos dejaría con barrios enteros con sus tiendas de vinilos/cafeterías macrobióticas arrasadas por hordas de hipsters de Decathlon, ahondar en las propuestas estéticas más arriesgadas que puedan surgir, en rocambolesca paradoja, de esta apuesta por lo normal, sólo pueden llevar al español de orden, como decía Lucas, al llanto y crujir de dientes.

Captura de pantalla 2014-05-13 a la(s) 17.05.17

normcorejuez

Porque se empieza con un inocente chandalito de Decathlon, una blusa neutra del C&A, unas zapatillas del mercao y cualquier cosa horrorosa frivolidad rescatada de las cubetas de la marca que más ropa vende en España (en efecto, Tex, de Carrefour) y se acaba cayendo en los abismos del firmerismo, esto es, vistiendo como aquellos infraseres noventeros que pedían firmas “para el sida” a las puertas de los hospitales y ambulatorios de toda España en los primeros noventa. Porque aquí somos más papistas que el papa, y que nos empeñemos en seguir las modas con 6 años de retraso cuando ya están más que muertas en el mundo civilizado nos es óbice ni cortapisa para que al final lo acabemos petando más que nadie. Ya lo estoy viendo: GENTES modernas que empiezan con un tímido tonteo con los pantalones de Kiabi y que a las dos semanas cubren medio Fuencarral de táctel; familias ROTAS con sus miembros más jóvenes petándolo A ON en las carpas del Sonar vistiendo camisetas de carreras populares ya extintas; ídolos del indie subiendo el volumen de sus Fender Jaguar con la uña del meñique; el mullet saltando de su ecosistema natural (los coches de choque, los campos de fútbol y las cárceles suramericanas) para encaramarse en lo más alto de la pirámide de la vanguardia. PEÑA con lentillas. PEÑA LLEVANDO LENTILLAS. Y el juez Castro, ese titán del padraquismo que siempre parece que venga de hacer una paella, portada del Jot Down.

Pues sí, esta es mi visión distópica del Normcore. Y mi modesta predicción: el Normcore pondrá a España en el mundo. O acabará con ella.

Atentamente, Oswaldo Cornelius.

Etiquetado en:
, , , , , , , , , , ,

Comenta con Facebook

1 Comentario

  1. genial articulo. muy acertado describiendo la poca personalidad de las gentes q se dejan llevar por quienes dictan las modas. aunq sean unos infraseres como ellos.

    Marcos

Comentar

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Google+